Defenso


Dícese de quien domina cabalmente las técnicas y argucias del juego (aunque esta palabra no aparece registrada en el Diccionario de la Real Academia española, Lisandro Alvarado nos dice de ella en su Glosario del Bajo Español en Venezuela que es “forma participial que se aplica al sujeto a quien no se puede acometer impunemente, a causa de su valor, sus facultades o sus fuerzas”) Es una palabra muy común en el campesinado Larense.

EDUARDO SANOJA – IRENE ZERPA, EL GARROTE EN NUESTRAS LETRAS.

El transitar por el camino de las armas venezolanas, origina una busqueda en el ser, que va más allá de técnicas y fundamentos teóricos.

Es un proceso orgánico que el calor de los palos intensifica, la carne golpeada, sacude el mundo interior de hombres y mujeres que constantemente se debaten en “plantarse” o huir del patio, de la práctica ardua que busca la carne y el dolor como dispositivo de aprendizaje.

Este trascurrir en la disciplina, va tiñendo en la piel interrogantes: ¿Cómo concentrarnos en el aquí y ahora? ¿Cómo crear nuestra vida? ¿Dónde está mi voluntad y foco?

Las interrogantes varían según la diversidad de sujetos que se encuentran en El Patio, el intercambio simbólico es atravesado por lo técnico y los fundamentos del sistema; mirada, cambio de mano y pisada, son los faroles que iluminan un sendero por donde andar.

Y es así como El Patio, transmuta a templo, donde se forjan voluntades, presencias y corporalidades capaces de cuestionar su hacer, de construir miradas críticas entorno a lo que les rodea, de jugar y crear soluciones a un “aquí y ahora” problematizado, que nos coloca constantemente en contradicciones emocionales, espirituales e históricas.